SENSIBILIDAD

Si cambia la sensibilidad, ¿cómo no ha de cambiar el pensamiento? No pasa día sin que traiga una rectificación a nuestros juicios. Solo los insensibles permanecen iguales. (…)

Azorín, El político

Tras leer este párrafo me vienen a la cabeza recuerdos de aquellas veces en las que he comenzado un libro por segunda vez o tercera. ¿Acaso el libro, pese a que conozco su desarrollo y desenlace, me transmite lo mismo cada vez que lo leo? Imposible y da igual el género que sea o su autor, siempre descubro algo nuevo; y también lo contrario, es decir, alguna sensación o imagen que se había creado en mi imaginación la vez anterior de forma nítida ahora ha desaparecido o está muy difusa. Y, ¿por qué sucede esto? La verdad es que no creo que sea la única persona que experimenta esto. No sé a ciencia cierta cuál es el motivo exacto pero he podido sacar algunas conclusiones pues si bien es verdad que la obra es la misma, nosotros no lo somos.

Aunque sea cada vez más habitual que una misma persona dependiendo de aquello que le convenga se ponga un disfraz u otro, vamos a omitir este hecho y, por un momento, vamos a confiar en la naturaleza humana del ser humano para que pueda quedarles clara la idea que les trato de transmitir. Pensemos en personas honestas, fieles a sus principios, aquellas que siempre que se necesita su ayuda están y su amabilidad no falta a pesar de que las circunstancias no sean las mejores…una vez que tengan en su mente esta imagen, continúen la lectura. Probablemente el aspecto físico de esas personas se mantenga y, a pesar de que el tiempo pasa, sean fácilmente reconocibles por sus rasgos más característicos pero, ¿su forma de respuesta ante los estímulos que percibe es igual (sabiendo que mantienen esas cualidades de personas amables, sinceras, bondadosas…y algún pequeño defecto que, como humanos que somos, nos está permitido)? Yo creo que no pues el paso del tiempo ha hecho que sus conductas se modifiquen en mayor o menor grado. Es por esto que, y volviendo a la cuestión inicial expuesta, la obra muda con nosotros, con nuestro día a día. La interpretación de cada oración, cada párrafo, cada capítulo…será única, al igual que son únicos esos minutos que hemos destinado a realizar tal acción, la lectura de esa obra en este caso que nos ocupa. Por este motivo, antes de seguir con la argumentación, considero que debo incluir una pequeña digresión pues si decide permanecer leyendo esta publicación merece un agradecimiento por mi parte. Si un texto no se lee más que por aquel que lo escribe, ese texto no tendrá mucha vida ya que esta es nutrida por cada una de las interpretaciones que cada uno de los lectores le da y, por supuesto, siempre se debe recordar que un texto vive cada vez que se lee. Continuemos.

¿Con las personas es posible que nos suceda lo mismo que con la obra narrativa esa que volvemos a seleccionar para releerla? A lo largo de nuestra vida nos encontramos con muchas personas las cuales siempre nos enseñan cosas, a pesar de que no siempre guardamos buenísimos recuerdos con todas. No simplemente tienes por qué tener presente a aquel amigo que tuviste con cinco años y al que desde los diez no volviste a ver más; seguramente que has tenido también otros compañeros de clase o de trabajo, entre otros, los cuales, a pesar de no haber entablado una estrecha relación de amistad, algo te pueden haber enseñado aunque fuese en los momentos libres entre clase y clase. Luego están los amigos con los que tras un tiempo sin hablar y pasado este, la relación se vuelve más intensa además, parece que todo continúa como la última vez que hablasteis. ¿Por qué sucede esto? No lo sé pero es algo frecuente y, ¿no podríamos establecer una cierta semejanza en este último caso con la obra de teatro? Las personas que pasan por tu vida a veces se quedan, otras se van y otras vuelven para estar más, a pesar de que nunca se hayan ido por completo.

Creo que ya están acostumbrados a que primero muestre cada una de las piezas del puzle de forma individual y, finalmente, las una; por lo que voy a por la siguiente. Esta vida, de acuerdo a las mediciones humanas, está conformada por segundos que algún día expirarán lo que significará que nuestro tiempo habrá acabado en la tierra. Ahora, ¿por qué contabilizamos de esta manera? Al igual que Borges creía, o eso me ha transmitido con la parte de su obra que he leído hasta la fecha, esta cuantificación tiene un sentido porque la vida humana es la que es y dura lo que dura, con lo cual cada una de las acciones que realizamos en ella deben tener una duración acorde a la misma. Un fragmento del cuento de El inmortal (Borges):

 

“(…) La muerte (o su alusión) hace preciosos y patéticos a los hombres. Estos conmueven por su condición de fantasmas; cada acto que ejecutan puede ser último; no hay rostro que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño. Todo, entre los mortales, tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso. Entre los Inmortales, en cambio, cada acto (y cada pensamiento) es el eco de otros que en el pasado lo antecedieron, sin principio visible, o el fiel presagio de otros que en el futuro lo repetirán hasta el vértigo. (…) Nada puede courrir una sola vez, nada es preciosamente precario. Lo elegíaco, lo grave, lo ceremonial, no rigen para los Inmortales. (…)”

Borges, El Aleph

Y ya volviendo a Azorín, ¿qué factores influyen en cada persona para la construcción de una sensibilidad nueva? En general, aunque diariamente experimentemos nuevas sensaciones, la percepción de todas ellas a lo largo de un período de tiempo y cómo reaccionamos ante las diferentes situaciones es lo que construirá nuestra sensibilidad en una etapa concreta. Los factores desencadenantes de esas respuestas serán muchísimos y dependerá de los ambientes en los que se desenvuelva cada uno de nosotros y de los acontecimientos que en ellos surjan.  Es por esto que nuestra forma de entender el mundo se va modificando y adaptando a cada circunstancia nueva: al peso que esta tenga para nosotros, a los sentimientos que nos genera, al vínculo que pueda crear en nuestra vida…y, según esto, nuestro modo de intervenir en el mundo no va a permanecer constante y sin posibilidad de alteración y todo esto es por obra de esa facultad de sentir y de pensar. Un ejemplo, ¿entendemos a nuestros padres y nos comportamos igual con ellos a los 5, 10, 15 y 20 años? Por supuesto que no. Y, ¿por qué se enfrían ciertas relaciones mientras se estrechan más otras? Por el mismo motivo.

Por todo lo dicho hasta el momento, ¿acaso nuestra parte sensible junto con nuestra parte racional no condiciona la toma de decisiones? Yo considero que sí, que esto es cierto. Por muy racionales que podamos llegar a ser una mínima parte va a estar supeditada al sentimiento. No somos máquinas ni, creo yo, lo pretendemos. Queramos o no reconocerlo somos un conglomerado de muchas cosas y, entre ellas, dos de ellas que considero importantes son: sentimiento y razón. Fue inútil en el período de la Ilustración querer tener como guía única y exclusivamente a la razón. Tal vez puedo estar equivocada y ustedes pueden corregirme pues, piensen: ¿en cada uno de los planteamientos que hacía Jovellanos no había una parte de sentimiento? Probablemente me digan que defendía sus ideas basadas en argumentos y esto no deja de ser cierto; no obstante, ¿no están las ideas basadas en creencias? ¿Y acaso estas creencias no las hemos fundado en base a nuestra sensibilidad a lo largo de los años? Para mí cuando el ser humano intenta separar el sentimiento de la razón en la toma de decisiones está pretendiendo conseguir algo imposible. Es más, no actuamos igual con todos nuestros familiares, ni con ninguna relación social que hemos establecido pues cada persona es única y, como tal, comparte con nosotros una parte de sí que probablemente tampoco la comparta de igual manera con el resto de sus relaciones pero, ¿por qué puede ocurrir? Sencillo. Tú aportas un conjunto de cualidades único que en la otra persona generan una respuesta también única y viceversa. Esa respuesta está motivada tanto por tu sensibilidad como por cómo influye la otra persona en ella, en definitiva, en ti.

Respecto al párrafo de Azorín mencionado discrepo de una cuestión porque, ¿acaso existen seres insensibles? Tal vez algún trastorno psíquico pueda dar lugar a ello; sin embargo, si nos referimos a sujetos sanos, ¿esto tiene lugar? Veo imposible mantener indefinidamente una postura impasible ante el entorno, ni aunque se proponga ese reto podrá conseguirlo. Si bien es cierto que no soy seguidora de lo que los refranes nos cuentan, hay alguno que para mí constituye la excepción y uno de ellos es:

Antes se coge al mentiroso que al cojo o Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo.

(Estos son el refrán y su variante recogidos en el Refranero multilingüe del Centro Virtual Cervantes)

Y, si lo pensamos bien, hasta algún cojo podría disimular durante unos segundos, quizás algo más, su cojera. No sé, ¿usted preferiría disimular? Tarea demasiado ardua para mi gusto. Además, mostrarte tal cual eres es el primer paso aceptarte y, posteriormente, para ser aceptado.

Blanco y negro

Resumiendo, blanco, negro o gris todo puede ser en nuestras vidas y dependerá del cristal con el que se mire pero, ¿y si la clave se esconde en “la sensibilidad”? Esa que se modifica ligeramente según el qué, el cómo, el cuándo, el dónde y… ¿con quién? No por ser el último miembro de la enumeración habrá de ser el menos relevante, ¿verdad?

No sé si todos ustedes compartirán estas reflexiones, solo parte o sus pensamientos se encuentran muy alejados de ellas pero entre las cuestas y las murallas de las tierras castellanas, los pensamientos que en mí se generan estos son. Bueno, ya saben, sentimientos y razón, la objetividad la dejaré para los experimentos científicos únicamente.

B.

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