¿El alcohol o la sociedad?

  Esta semana ha ocupado los espacios informativos una noticia no relacionada con la formación de Gobierno de España ni con la vivienda de protección oficial de Ramón Espinar la cual vendió y, con ello, obtuvo un  gran beneficio. A la noticia a la que me refería al principio es aquella que nos relataba que una menor de 12 años había fallecido como consecuencia de un coma etílico. La cantidad de alcohol que tomó, según sus amigos, fue de una botella; sin embargo, fuese una, media o tres cuartos el caso es que tenía que ser una cantidad importante y muy superior a la que su cuerpo, aún en desarrollo, podía soportar y, por esto, superó esa barrera de una borrachera.

http://www.levante-emv.com/sucesos/2016/11/03/muere-nina-12-anos-madrid/1487656.html

  Sobre esta información se ha opinado en tertulias, en redes sociales y, asimismo, muchos se deciden a dejar algún comentario en los medios de comunicación digitales. Las opiniones son dispares: hay quienes cuestionan la autoridad de los padres de Laura (que así era como se llamaba la niña), otros que opinan que la culpa no puede ser toda de los padres porque claro, a esa edad, te pueden echar una bronca del catorce pero tú mirar para otro lado o, incluso, otros muestran su descontento con la mala distribución de las etapas educativas en España cuando la edad de escolarización se amplió hasta los 16 años, allá por la época de Felipe González. Ustedes pueden estar de acuerdo total o parcialmente con alguno de estos argumentos o con todos, añadir algunos más o rechazarlos y formular una razón totalmente distinta, me parece estupendo, no voy a entrar en eso.

  A los 12 años hay niños cuyo aspecto físico se asemeja más al de alguien de 10 años que al de un pre adolescente y otros que, a pesar de esa corta edad, su aspecto físico recuerda más al de uno de 15. Lo más común es que aquellos que se encuentren en el primer caso tiendan a juntarse con sus iguales o más pequeños y los que están en el lado contrario tienden a buscar  amistades entre adolescentes de 14, 15 o incluso más ya que, al fin y al cabo, la integración, aparentemente, no les va a resultar tan complicada. Estoy convencida de que esta niña se encontraba en el segundo grupo. Ahora bien, ¿esto puede traer consecuencias? Por supuesto y muy negativas, desde mi punto de vista.

vaso

  Resulta que está de moda entre los adolescentes, y los ya no tanto, salir y divertirse pero no solos, no, con compañía de su amigo el alcohol. Lo peor de todo es que si no bebes, estás incurriendo en una forma de autoexclusión porque, ¿a quién no le gusta beber? Yo estoy convencida de que no le gusta a mucha gente. Entonces, ¿por qué beben? Primero, si a una bebida de elevada graduación le añades otra que contenga gran cantidad de azúcar, como puede ser cola o zumo de naranja con burbujas (por no citar las marcas comerciales), y lo mezclas, el resultado será que el sabor del alcohol se va a camuflar. A continuación les explicaré el porqué de esta afición a la bebida pese a que no es muy largo ni complejo el razonamiento, ya les adelanto.

  ¿Qué nos sucede si, por ejemplo, salimos a la calle con un chándal comprado hace treinta años que ha encontrado en el armario de un familiar suyo y que le ha encantado (todo esto teniendo en cuenta que su familiar se lo puso un par de veces y, por tanto, está en perfectas condiciones para volver a ser usado)? Lo único que nos pasará es que seremos mirados de forma extraña porque, ya saben, no vas a la última moda. Con el consumo de alcohol pasa algo similar: o haces lo que se supone que corresponde a tu edad y a la moda que impera en ese momento entre los jóvenes o estás excluido de la mayoría de grupos. Todo esto teniendo en cuenta que si no lo haces mal, pero es que si se te ocurre la idea de manifestar tu rechazo hacia estas concentraciones nocturnas, generalmente, que si no te pilla la poli, los demás te apartan al segundo, ni siquiera se conforman con mirarte solo mal (hablo en general, que en todos los casos hay excepciones, tanto en una posición como en la otra). Probablemente, esta niña consumía alcohol para integrarse en el grupo de amigos mayores que ella en el que estaba.

  Pero la pregunta es: ¿por qué tenemos que llegar a estos extremos? Nos quejamos de que muchos se guían por el principio: ¨ ¿Dónde va Vicente? Donde va la gente¨, no obstante, visto el patio anteriormente descrito, veo esa guía muy normal. Una niña de 12 años, como era el caso, puede estar empezando a formar los principios por los que se regirá su vida en el futuro, que por desgracia Laura ya no va a tener; sin embargo, esta formación puede verse coartada por la estúpida norma que impera en la sociedad y, ¿cuál es? Ya la he descrito: O haces lo que la mayoría o como te separes un poco del camino establecido, tratando de encontrarte tú, estar bien contigo mismo, desarrollarte como persona… serás eliminado del mapa. ¿Esto ocurre solo a edades adolescentes? No les puedo confirmar mucho más allá puesto que sabe más el diablo por viejo que por diablo y no he llegado ni a una cosa ni a la otra, o eso espero, pero lo que sí les puedo adelantar es que a edades no muy lejanas de la adolescencia esto sigue ocurriendo. Entonces, ¿el proceso de maduración cuando empieza a dar sus frutos? Miren, no creo que a ninguno de ustedes les pase desapercibido que igual que hay gente de veinte con la cabeza muy bien puesta, otros de cuarenta, con hijos incluso, parecen más críos que ellos. ¿Por qué? Lo siento, esto ya no puedo contestarlo pese a que la pregunta me la hago igualmente (si tienen soluciones, cuéntemelas, por favor).

  Este problema puede tener la base en la educación. Y la educación se recibe desde varios ámbitos, siendo el principal, considero, el familiar. Me gustaría citar también el ámbito social, en el que yo incluiría a los medios de comunicación (y a las series que destinan a los niños, por ejemplo) y las poderosas (que no siempre positivas) redes sociales. Además, recordemos que una persona en desarrollo será un conjunto de una selección de todos aquellos estímulos que ha ido recibiendo tanto en su casa como del mundo externo (aquel que percibe una vez que abre la puerta de casa). Por tanto, los padres tienen la autoridad sobre sus hijos, no me cabe la más mínima duda, sin embargo, esa autoridad habría, desde mi punto de vista, que ejercerla partiendo de las influencias y adaptándose a ella que puede saber que su hijo está recibiendo. No es lo mismo dirigirse a un niño de 12 años que aún juega (que por otra parte debería ser lo usual) en el parque al pilla-pilla con sus amigos que a otro que sale por la noche, ha sido pillado varias veces con un estado ebrio y le gusta tener amistades de edad superior a la suya. Es por esto que esta última parte la veo muy complicada porque no sabemos de qué modo van a calar en la persona que tenemos delante sus entornos, así como tampoco podemos entrar en la dimensión interior de una persona, ya que será menor pero la tiene como cada uno de nosotros, y eso no debemos olvidarlo.

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  Por tanto, como de momento no podemos coger una varita mágica y cambiar automáticamente los estímulos que recibimos, al menos la educación debería enfocarse en enseñar a cada persona a ser autónoma y no dependiente de las modas del momento, que igual que ahora los botellones están en auge, ¿se imaginan que lo que primase fuese pincharse cualquier droga? ¿Cómo nos preparamos ante estos retos? No sabemos lo que está por venir y ni siquiera conocemos todo lo que ha venido y ya está, por esto considero que lo mejor es tomar estas noticias como aprendizaje y aviso ante lo que ocurre hoy en día. Me gustaría decir que Laura será la última pero, desgraciadamente, no lo creo. Quizás no recibimos noticias así cuyo protagonista sea una niña de 12 años pero, ¿y más mayores? ¿Cuántos comas etílicos entre la franja de los 15-20 ha habido ya? ¿Y entre los 20-25? ¿Y a partir de hoy? ¿Cuántos creen que habrá?

  Para cerrar el artículo simplemente les pediría que actúen y eduquen con cabeza, sean autónomos, muestren respeto hacia los demás y, por supuesto, háganse respetar.

  Laura, donde quiera que estés, descansa en paz.

B.

 

 

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