PUNTOS CARDINALES (II)

III. N 

Despegue peligroso, aterrizaje forzoso, 

“-Lo sentimos, capitán, es usted el sospechoso.”

Pulsiones inevitables

ocultas en laberintos.

Hilos que cosen mitades;

puentes que unen abismos.

 

Tus sospechas infundadas,

mis mecheros y sus chispas

las que en ti provocan llamas.

 

Las agraces turbulencias,

que con miradas silencias,

constituyen las esencias

esas tuyas, esas mías,

esas nuestras…Permanencia.

 

Y esos atisbos de verdad

que jamás esconden maldad

se suceden. Fugacidad.

Vitalidad. Sagacidad.

 

Cascada de impresiones,

torbellino de sensaciones…

atropello a los corazones.

B ©

 

Continuará…

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PUNTOS CARDINALES

I. 

Lunático empedernido, esquivo,

huraño bandido, de su propia guerra cautivo.

Tiene alma de niño con corazón de aluminio.

Cruentas batallas ya ha vencido.

 

Sueña conquistas, vive altanero,

y valiente es nuestro marinero.

Ahora viene su dilema

y, ¡qué gran problema!

 

¿Norte, este, sur, oeste?

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II. E

Un astro llegando a (un) Marte.

Marte, que el universo conoce,

trata de orientarte:

 

“Ni una brújula, ni un guía,

tan solo vive esa vida:

Plena, sin cantos de sirena,

con los pies en esa Tierra.

Descubrimientos, sin cadenas,

Y otra cosa que no falte:

¡Pasión, amor y arte!”

 

(Continuará…)

B.©

NIÑO. ESPERANZA.

Se abre la puerta.

de una habitación.

Esta está vacía,

oscura y fría.

 

Tan vacía como quedó el fondo de su alma,

Tan oscura como aquellas últimas miradas,

Tan fría como esos abrazos de despedida.

 

Un niño corre por el pasillo,

descalzo, sin hacer ruido.

Con las luces apagadas,

con la luna reflejada

en el pasillo, en la ventana.

El viento le susurra; no obstante,

ese niño continúa.

 

¿Qué es lo que buscas?

Y  no lo encuentras.

¿Qué significa

( en fin)

esta partida?

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Al fondo se ve el balcón.

La ventana queda abierta.

Y allá a lo lejos, en un rincón…

 

 

Pausa.

 

 

Interrumpe el fuerte viento.

Este mueve las cortinas.

¡Vaya paisaje! Suicida.

 

Unos pies desnudos,

 blancos, minúsculos…

sin cicatrizar (por su corta vida, ¿quizás?)

asoman.

 

La respiración acelerada.

con lágrimas entrecortadas.

 

¿Y ahora?

Silencio.

 

¿Y ahora?

Espera,

esperanza.

 

B ©

 

Crimen para dos

Minuto dieciséis del cortometraje:

decisión equivocada. Final del viaje.

 

Divisa una pistola, escucha un disparo,

aparece una bala. Muestran sus heridas.

 

Camisa ensangrentada, corazón agonizante,

cuerpo inmóvil, alma errante.

CRIMEN DE DOS

¿Las víctimas? Fueron dos: huésped y anfitrión.

También hubo veneno. Crimen. Alta traición.

 

B.

PEREGRINO

 

Copas rotas, vino tinto. peregrino.jpg

Locura transitoria, estado de embriaguez.

Paradero desconocido o destino equivocado.

Alas no le faltan y tiene pies para correr.

 

 

Adivina el dolor que esconden sus lágrimas.

Conoce la huella que dejan sus pies.

Intuye el sabor que desprende su aliento:

ácido, dulce, amargo o salado, ¿cuál es?

 

Un andén vacío y él espera el tren,

ese que no pasa o tal vez que pasó.

 

Algo escucha a lo lejos el peregrino perdido

y decide usar sus alas para cambiar su camino.

Entonces lo recuerda: ese es su destino;

sin embargo, ¿acaso está escrito?

 

B.

TÚ, HÉROE

Superman, Batman, Peter Pan, Robin Hood, Tarzán,

Spiderwoman, Wonderwoman, Power Girl, Jean Grey, Carol Danvers (Mr. Marvel)

¿Superhéroes? ¿Superheroínas? Eso nos dicen o, quizás,

nos hacen creer.

Maléfica, Capitán Garfio, Scar, Cipher o el Lobo Feroz…,

¿acaso estos no lo son también? Nos dicen que no pero,

¿no son defensores de su causa? ¿Puede ser esta, tal vez, una causa perdida por ser  bandera

de lo indefendible,

de lo imposible,

 de lo injustificable,

de lo inadmisible

de lo inviable

de lo…ilegal?

 

Volviendo a nuestros superhéroes: ¿A ti te gustaría ser uno de ellos?1495879593801

Mejor aún, quita el prefijo, deshazte del super-,

(mi instinto me dice que las cosas maravillosas no necesitan grandes nombres).

Además, ni capa, ni espada, ni máscara o antifaz,

ni poderes (ya te quité el super-, ¿recuerdas?), ni características de otro animal (esperemos que solo seas, y no solo eso, humano),

a pesar de todos estos obstáculos y mil más, ¿lo conseguirás?

B.

 

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¿Y por qué no pueden ser estos animalitos unos superhéroes? Mucho tenemos que aprender de ellos.

 

¡VIDA!

Nunca me atreví con los versos, o tal vez sí y no lo sepas, pero todo en las sombras. Últimamente unos necesitaban ver la luz. Vean y, si pueden (espero), disfrútenlos:

Pasar por aquí, acaso sutilmente, sin molestar.

Tal vez te gusta lo fácil, tal vez prefieres esa inercia,

como si tu vida de piezas de ajedrez, que son movidas,

 se tratase.”- Disculpa, ¿juegas tú?” Permíteme preguntarte.

 

Indolencia, apatía, dejadez, quietud, pasividad…

Una vez más diré: “-Disculpa, ¿participas en el juego?

 

Y si la cuestión está en compatibilidad, encaje…

no lo sé, y sin embargo, siento que en mi armonía, mi caos

 y mi orden, mi euforia (o vehemencia) y también, sí,

mi sosiego, esa compatibilidad surge, existe.

 

Estructura contradictoriamente coherente” Derrida

nos anunciaría. No obstante, ¿qué importa una deconstrucción

si el centro de mí, pese a ser incompatible con algunos,

se une con esos y otros, con todos a la vez conformando

un (in)comprensible pero tan eufónico gran universo?

¿Acaso eso no es maravilloso? ¿Alguien puede negarlo?

 

Cuatro, dos, cuatro, seis…cada estrofa unos versos, ¿encajados?

*

Cierto es que he sido y soy más de ser un verso suelto;

aunque me uno a distintos, a otros, conformando piezas.

¿Piezas? Claro, piezas de ese puzle.

 

Nunca fui partidaria de inflexibles que no saltan

al vacío. No hay camino de rosas que valga pues

las espinas merecen la pena .

 

“Arriesga o no ganarás”, dicen algunos. Tópicos.

No me gustan, ni esos ni las frases hechas.  “-¡Artista!”

“-¿A quién?” “-¡A ti, de tu propia vida!”

 

Mira, no me gustan los extremos:

el todo o la nada,

el blanco o el negro,

el brillante o el mate,

el nunca o el siempre,

 

¿Perdona? ¿Quieres que me defina?

Ya veo que algo no has entendido.

Por última vez: fuerza, acción, combate, asalto, choque,

parada, golpe, caída, ataque, triunfo…en resumen:

                                   ¡(mi) VIDA!ESTA

 

 

 

SENSIBILIDAD

Si cambia la sensibilidad, ¿cómo no ha de cambiar el pensamiento? No pasa día sin que traiga una rectificación a nuestros juicios. Solo los insensibles permanecen iguales. (…)

Azorín, El político

Tras leer este párrafo me vienen a la cabeza recuerdos de aquellas veces en las que he comenzado un libro por segunda vez o tercera. ¿Acaso el libro, pese a que conozco su desarrollo y desenlace, me transmite lo mismo cada vez que lo leo? Imposible y da igual el género que sea o su autor, siempre descubro algo nuevo; y también lo contrario, es decir, alguna sensación o imagen que se había creado en mi imaginación la vez anterior de forma nítida ahora ha desaparecido o está muy difusa. Y, ¿por qué sucede esto? La verdad es que no creo que sea la única persona que experimenta esto. No sé a ciencia cierta cuál es el motivo exacto pero he podido sacar algunas conclusiones pues si bien es verdad que la obra es la misma, nosotros no lo somos.

Aunque sea cada vez más habitual que una misma persona dependiendo de aquello que le convenga se ponga un disfraz u otro, vamos a omitir este hecho y, por un momento, vamos a confiar en la naturaleza humana del ser humano para que pueda quedarles clara la idea que les trato de transmitir. Pensemos en personas honestas, fieles a sus principios, aquellas que siempre que se necesita su ayuda están y su amabilidad no falta a pesar de que las circunstancias no sean las mejores…una vez que tengan en su mente esta imagen, continúen la lectura. Probablemente el aspecto físico de esas personas se mantenga y, a pesar de que el tiempo pasa, sean fácilmente reconocibles por sus rasgos más característicos pero, ¿su forma de respuesta ante los estímulos que percibe es igual (sabiendo que mantienen esas cualidades de personas amables, sinceras, bondadosas…y algún pequeño defecto que, como humanos que somos, nos está permitido)? Yo creo que no pues el paso del tiempo ha hecho que sus conductas se modifiquen en mayor o menor grado. Es por esto que, y volviendo a la cuestión inicial expuesta, la obra muda con nosotros, con nuestro día a día. La interpretación de cada oración, cada párrafo, cada capítulo…será única, al igual que son únicos esos minutos que hemos destinado a realizar tal acción, la lectura de esa obra en este caso que nos ocupa. Por este motivo, antes de seguir con la argumentación, considero que debo incluir una pequeña digresión pues si decide permanecer leyendo esta publicación merece un agradecimiento por mi parte. Si un texto no se lee más que por aquel que lo escribe, ese texto no tendrá mucha vida ya que esta es nutrida por cada una de las interpretaciones que cada uno de los lectores le da y, por supuesto, siempre se debe recordar que un texto vive cada vez que se lee. Continuemos.

¿Con las personas es posible que nos suceda lo mismo que con la obra narrativa esa que volvemos a seleccionar para releerla? A lo largo de nuestra vida nos encontramos con muchas personas las cuales siempre nos enseñan cosas, a pesar de que no siempre guardamos buenísimos recuerdos con todas. No simplemente tienes por qué tener presente a aquel amigo que tuviste con cinco años y al que desde los diez no volviste a ver más; seguramente que has tenido también otros compañeros de clase o de trabajo, entre otros, los cuales, a pesar de no haber entablado una estrecha relación de amistad, algo te pueden haber enseñado aunque fuese en los momentos libres entre clase y clase. Luego están los amigos con los que tras un tiempo sin hablar y pasado este, la relación se vuelve más intensa además, parece que todo continúa como la última vez que hablasteis. ¿Por qué sucede esto? No lo sé pero es algo frecuente y, ¿no podríamos establecer una cierta semejanza en este último caso con la obra de teatro? Las personas que pasan por tu vida a veces se quedan, otras se van y otras vuelven para estar más, a pesar de que nunca se hayan ido por completo.

Creo que ya están acostumbrados a que primero muestre cada una de las piezas del puzle de forma individual y, finalmente, las una; por lo que voy a por la siguiente. Esta vida, de acuerdo a las mediciones humanas, está conformada por segundos que algún día expirarán lo que significará que nuestro tiempo habrá acabado en la tierra. Ahora, ¿por qué contabilizamos de esta manera? Al igual que Borges creía, o eso me ha transmitido con la parte de su obra que he leído hasta la fecha, esta cuantificación tiene un sentido porque la vida humana es la que es y dura lo que dura, con lo cual cada una de las acciones que realizamos en ella deben tener una duración acorde a la misma. Un fragmento del cuento de El inmortal (Borges):

 

“(…) La muerte (o su alusión) hace preciosos y patéticos a los hombres. Estos conmueven por su condición de fantasmas; cada acto que ejecutan puede ser último; no hay rostro que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño. Todo, entre los mortales, tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso. Entre los Inmortales, en cambio, cada acto (y cada pensamiento) es el eco de otros que en el pasado lo antecedieron, sin principio visible, o el fiel presagio de otros que en el futuro lo repetirán hasta el vértigo. (…) Nada puede courrir una sola vez, nada es preciosamente precario. Lo elegíaco, lo grave, lo ceremonial, no rigen para los Inmortales. (…)”

Borges, El Aleph

Y ya volviendo a Azorín, ¿qué factores influyen en cada persona para la construcción de una sensibilidad nueva? En general, aunque diariamente experimentemos nuevas sensaciones, la percepción de todas ellas a lo largo de un período de tiempo y cómo reaccionamos ante las diferentes situaciones es lo que construirá nuestra sensibilidad en una etapa concreta. Los factores desencadenantes de esas respuestas serán muchísimos y dependerá de los ambientes en los que se desenvuelva cada uno de nosotros y de los acontecimientos que en ellos surjan.  Es por esto que nuestra forma de entender el mundo se va modificando y adaptando a cada circunstancia nueva: al peso que esta tenga para nosotros, a los sentimientos que nos genera, al vínculo que pueda crear en nuestra vida…y, según esto, nuestro modo de intervenir en el mundo no va a permanecer constante y sin posibilidad de alteración y todo esto es por obra de esa facultad de sentir y de pensar. Un ejemplo, ¿entendemos a nuestros padres y nos comportamos igual con ellos a los 5, 10, 15 y 20 años? Por supuesto que no. Y, ¿por qué se enfrían ciertas relaciones mientras se estrechan más otras? Por el mismo motivo.

Por todo lo dicho hasta el momento, ¿acaso nuestra parte sensible junto con nuestra parte racional no condiciona la toma de decisiones? Yo considero que sí, que esto es cierto. Por muy racionales que podamos llegar a ser una mínima parte va a estar supeditada al sentimiento. No somos máquinas ni, creo yo, lo pretendemos. Queramos o no reconocerlo somos un conglomerado de muchas cosas y, entre ellas, dos de ellas que considero importantes son: sentimiento y razón. Fue inútil en el período de la Ilustración querer tener como guía única y exclusivamente a la razón. Tal vez puedo estar equivocada y ustedes pueden corregirme pues, piensen: ¿en cada uno de los planteamientos que hacía Jovellanos no había una parte de sentimiento? Probablemente me digan que defendía sus ideas basadas en argumentos y esto no deja de ser cierto; no obstante, ¿no están las ideas basadas en creencias? ¿Y acaso estas creencias no las hemos fundado en base a nuestra sensibilidad a lo largo de los años? Para mí cuando el ser humano intenta separar el sentimiento de la razón en la toma de decisiones está pretendiendo conseguir algo imposible. Es más, no actuamos igual con todos nuestros familiares, ni con ninguna relación social que hemos establecido pues cada persona es única y, como tal, comparte con nosotros una parte de sí que probablemente tampoco la comparta de igual manera con el resto de sus relaciones pero, ¿por qué puede ocurrir? Sencillo. Tú aportas un conjunto de cualidades único que en la otra persona generan una respuesta también única y viceversa. Esa respuesta está motivada tanto por tu sensibilidad como por cómo influye la otra persona en ella, en definitiva, en ti.

Respecto al párrafo de Azorín mencionado discrepo de una cuestión porque, ¿acaso existen seres insensibles? Tal vez algún trastorno psíquico pueda dar lugar a ello; sin embargo, si nos referimos a sujetos sanos, ¿esto tiene lugar? Veo imposible mantener indefinidamente una postura impasible ante el entorno, ni aunque se proponga ese reto podrá conseguirlo. Si bien es cierto que no soy seguidora de lo que los refranes nos cuentan, hay alguno que para mí constituye la excepción y uno de ellos es:

Antes se coge al mentiroso que al cojo o Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo.

(Estos son el refrán y su variante recogidos en el Refranero multilingüe del Centro Virtual Cervantes)

Y, si lo pensamos bien, hasta algún cojo podría disimular durante unos segundos, quizás algo más, su cojera. No sé, ¿usted preferiría disimular? Tarea demasiado ardua para mi gusto. Además, mostrarte tal cual eres es el primer paso aceptarte y, posteriormente, para ser aceptado.

Blanco y negro

Resumiendo, blanco, negro o gris todo puede ser en nuestras vidas y dependerá del cristal con el que se mire pero, ¿y si la clave se esconde en “la sensibilidad”? Esa que se modifica ligeramente según el qué, el cómo, el cuándo, el dónde y… ¿con quién? No por ser el último miembro de la enumeración habrá de ser el menos relevante, ¿verdad?

No sé si todos ustedes compartirán estas reflexiones, solo parte o sus pensamientos se encuentran muy alejados de ellas pero entre las cuestas y las murallas de las tierras castellanas, los pensamientos que en mí se generan estos son. Bueno, ya saben, sentimientos y razón, la objetividad la dejaré para los experimentos científicos únicamente.

B.

EL “ALEPH” INTERIOR

“Siempre fuertes” era el lema que Pablo Ráez (D.E.P.) nos transmitió en cualquier entrevista que le hacían y veíamos a través de las pantallas de la televisión o del ordenador o bien la escuchábamos a través de la radio. Por supuesto que lo mismo reflejaba en sus redes sociales. Asimismo estoy convencida de que lo mantuvo hasta su última respiración, aplicándolo así a su día a día no tan solo ante las cámaras o los micrófonos. Pero, ¿a qué se refería Pablo?

Para mí este chico fue un ejemplo de superación. Le dediqué una entrada en septiembre de 2016 (ENLAZAR) y como tras su fallecimiento continúo recordándolo, hoy me parecía un buen momento para traerlo a la memoria de cada uno de ustedes. Veinte años tenía y no lo parecía. Supongo que a todos nos llega un momento en el cual, independientemente de nuestra edad, debemos transformar algo en nuestro interior para poder afrontar una nueva situación ardua, peliaguda, imprevista, dolorosa, impactante… El caso de Pablo así fue. Pablo siempre acompañaba su lema de un gesto, una flexión del codo que hacía que se viese el bíceps en primer plano, ese bíceps que un día tuvo muy fuerte gracias a sesiones intensas de entrenamientos y a su constancia. Sin embargo, cuando estuvo enfermo ese bíceps continuó, quizás no tan prominente muscularmente hablando pero psicológicamente se hizo de hierro.

Es realmente complicado que nuestra mente dé un giro completo de la noche a la mañana (cuidado porque nuestros pensamientos no son lo mismo que los acontecimientos), es más,  debe existir algún impulso que motiva el cambio, bien sea por un hecho que parte de nosotros o de nuestro entorno pero que, en cualquier caso, tan solo depende de nosotros esa transmutación. Se suele decir que ningún mar en calma hizo experto al marinero y cuánta razón encierran esas palabras. Adversidades las llaman y son temidas por todos, especialmente si nos afectan a nosotros directamente. Ese momento en el que empezamos a sentir miedo, vulnerabilidad, parálisis… ¡ay! ¡Lo desconocido! Pero, ¿solo eso? ¿Y si no es tan desconocido?

Jorge Luis Borges, El Aleph:

“-¿El Aleph? – repetí.

-Sí, el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos (…).

-Iré a verlo inmediatamente (…).

-Claro está que si no lo ves, tu incapacidad no invalida mi testimonio…Baja (…).

Cumplí con sus ridículos requisitos; al fin se fue. (…). Cerré los ojos, los abrí. Entonces vi el Aleph. (…) ¿Cómo transmitir a los otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abarca? (…) Temí que no quedara una sola cosa capaz de sorprenderme, temí que no abandonara jamás la impresión de volver. Felizmente, al cabo de unas noches de insomnio, me trabajó otra vez el olvido.(…)”

Según este cuento de Borges, El Aleph es ese lugar donde están todos los del orbe pero, ¿tú conoces tu “Aleph” particular? Cada uno de nosotros tiene un interior infinito, no sé si a lo largo de la vida puede llegar a descubrirse porque, además, este puede ir modificándose con el paso del tiempo. ¿Se imaginan un punto desde el cual pudiésemos observarnos objetivamente cada uno a sí mismo? ¿No sentirían curiosidad, al menos, por lo que allí pudiesen encontrar? ¿O miedo tal vez? Considero que todos podemos acceder a ese “Aleph” personal si nos lo proponemos pero, claro, las ganas no pueden faltar. Por otra parte, los infortunios, esos obstáculos que aparecen a lo largo de nuestra trayectoria vital,  contribuyen a que nos conozcamos más a nosotros mismos. Nuestra imagen exterior nos la puede revelar cualquier fotografía, cualquier reflejo en el espejo… sin embargo, ¿qué hay de nuestro interior? Posiblemente Pablo Ráez jamás imaginó que pudiese llegar a tantas personas pero así fue. No solo las donaciones de médula ósea se incrementaron en un porcentaje muy elevado, sino que también la población se concienció de esa realidad que existía y continúa hoy en día. Sin embargo, ¿por qué Pablo nos llegó tanto? Él tuvo que ser fuerte y podría no haberlo hecho. Ser fuerte no fue una obligación para él ni para nadie, ser fuerte es un modo de vida, un modo que Pablo asió para enfrentarse a la realidad que tenía delante. Todos en él vimos esa fortaleza, cualidad que supo transmitir porque, a pesar de todo, jamás Pablo no se dio por vencido. Nunca, en ningún momento.

Por otro lado, todos nos inclinamos en algún momento a ese olvido que felizmente sufre el protagonista de El Aleph. Y, ¿por qué sugiero esto? Es sencillo: cuando los contratiempos nos descubren debilidades nuestras, a veces (y especialmente si el problema termina resolviéndose) decidimos ignorarlas porque, ¿para qué molestarse? Y ese es el problema. Todos tenemos permitido darnos cuenta de nuestros errores, de nuestras flaquezas, de una necesidad de cambio de actitud en un momento complicado…pero, ¿cuántos se atreven realmente a enfrentarse a aquello que he mencionado?

Ojalá que todos nos enfrentásemos a ese “Aleph” interior y completo, es decir, a nuestras partes positivas, permitirnos disfrutar de ellas y que, asimismo, disfruten con ellas; y también a esas partes que están más en la penumbra y que no queremos ni siquiera iluminar para comprobar cuánto polvo han acumulado. Ahora bien, déjame que te diga que la más fea oruga consigue transformarse en una preciosa mariposa y, por tanto, tus partes más ocultas pueden ofrecerte y ofrecer al mundo, si se pulen, una belleza espectacular. Por tanto, si todavía no ves algún tesoro en ti, tal vez tienes que pasearte por tu sótano y, quién sabe, ¿tropezarás con alguno? No es tarea fácil, de lo contrario, muchos ya lo habrían hecho y probablemente lo que aquí te estoy contando no tuviese apenas sentido pero esto lo tiene y, por ello, te planteo lo siguiente: ¿te atreves a descubrirte? Espero que te anime a hacerlo el hecho de recordar que la recompensa será extraordinaria.

B.©

Miradas

Acostumbrados están a leer en este blog reflexiones relacionadas con acontecimientos sociales de actualidad. No obstante, y por diversas circunstancias en las cuales me encuentro en estos momentos, prefiero hacerles partícipes de otro tipo de reflexiones más personales. Si bien es cierto que no estoy segura de haberlas descrito correctamente puesto que, quizás y pese a las apariencias, seguro que ustedes las han pensado, aunque sea sucintamente, en más de una ocasión.

Completaré una de ellas que compartí hace escasos días en mis redes sociales. Tal vez se encuentren con una B. diferente: sensitiva, intimista e introspectiva, entre otras cosas, sin embargo, ¿qué es el mundo exterior si carece de la conjunción de todas esas dimensiones anteriormente citadas en cada una de las personas que lo habitan?

“Miradas de todo tipo, tantas como personas existan y situaciones encontremos, es más, me atrevería a decir que cada mirada es única e irrepetible. ¿Se han parado a comprobarlo? Les aseguro que merece la pena. Cada una de ellas nos transmite un sentimiento, una emoción: alegría, dolor, indiferencia, paz, sosiego, miedo, vergüenza, agradecimiento, ira, rencor, venganza, deseo, pasión, amor…es por esto que, en muchas ocasiones, tu mirada puede ser un arma muchísimo más potente que las palabras. Snapshot_2016403 (12)Y no solo tenemos que quedarnos con las miradas agradables, pues también aquellas irritantes han sido proyectadas a causa de determinados elementos presentes en la vida de la persona que transmite ese estado de ánimo y, ¿por qué va a ser menos importante prestarle atención al mismo? Probablemente más, si cabe. Es por esto que supongo que se dice que hay miradas que matan (y no creo que esto afecte únicamente a las que expresan sentimientos negativos), es más, si esto fuese así, ¿qué mejor que morir de esta forma? ¿Alguien dijo que no podíamos morir deleitándonos? Tal vez haya que aprehender la manera de que esto nos suceda y, de este modo, hallaremos un gran placer.

Por otra parte, ¿de qué manera expresas lo inefable? Habrás de recurrir a las expresiones corporales. Expresiones entre las que también se encuentran los abrazos, las caricias, los besos… Lo que pueden llegar a unirte (sí, a ti, contigo mismo y con aquella persona con lo que has establecido el lazo) unos simples gestos es increíble y, si te los dedican, valóralos. A pesar de esto, ¿cuántos de ustedes realmente lo hacen?

Miren, a todos nos falta siempre el tiempo, siempre pendientes del puñetero reloj y de un individualismo enfermizo. Yo, me, mí, conmigo quizás son los pronombres que, en la práctica, mejor controlados tenemos. También la primera persona del singular de las conjugaciones de los verbos y el imperativo para los demás (¡faltaría más!). Solo cuando nos conviene dedicamos unos minutos a nuestros familiares o amigos y, por si no se habían percatado, esto es egoísmo, porque generalmente este tiempo que compartimos con nuestros allegados suele ser para obtener un beneficio propio. ¿No es triste esta situación? Añadiendo a esto que este otro tipo de gestos dice mucho de cada uno de nosotros.

Tal vez en lugar de tantas comunicaciones a través de las pantallas, deberíamos plantearnos el trato directo con aquellos que te rodean y, por si no lo sabías, no solo son tu familia, amigos o tu pareja si la tienes, también están tus compañeros del lugar de estudio o trabajo, está el vecino con el que cada mañana te encuentras en el ascensor y, por qué no, el dependiente del supermercado que acaba de atenderte. Este trato  directo les demuestra nuestro respeto, en primer lugar, y después, dependiendo del vínculo establecido con cada uno de ellos, confirmamos por qué cada relación merece ese vínculo conseguido y, por supuesto, conseguiremos reforzarlo.

Cierto es que hemos desarrollado nuevas tecnologías y cada vez más avanzadas, hemos conseguido mejorar nuestra calidad de vida, hemos encontrado el remedio a enfermedades que antes eran epidemias y, a día de hoy, con una simple vacuna podemos inmunizarnos contra ellas, pero, de lo que quizás no hemos caído en la cuenta es de que cada vez con más urgencia el mundo necesita curas. Nuestro mundo presenta demasiadas heridas abiertas y sin cicatrizar; sin embargo, de lo que quizás no nos hemos dado cuenta todavía es de que cada uno de nosotros puede ser médico, puede sanar esas heridas. No hace falta hacer grandes experimentos, os lo aseguro. ¿No habéis descubierto cómo? Probablemente porque las respuestas sencillas son las que se encuentran con más dificultad. Tratad de ser la especie que representáis en el planeta, esto es, no solo consiste en ser humano, hay más, sed humanos.

Aunque, como es tan simple y estamos tan ocupados, es quizás por esto por lo que no nos hemos dado cuenta todavía. No sé, ¿se animan a llevarlo a la práctica? El mundo no, pero su entorno poco a poco puede cambiar. Al fin y al cabo a veces escribo cosas, y quién sabe si algún sentido pueden tener. Quizás, ¿verdad?

B.